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No es lo mismo vista que visión

  • Foto del escritor: Joaquín Díaz
    Joaquín Díaz
  • 12 may
  • 2 min de lectura

Actualizado: 13 may

Aunque comúnmente estos dos términos se utilizan de manera indistinta, si bien son complementarios y están íntimamente ligados uno con el otro, éstos tienen un significado distinto. La vista es el sentido por el cual percibimos las realidades que nos rodean, al momento de nacer, los ojos no están completamente desarrollados por lo que el niño ve borroso, sin embargo, conforme pasan los meses su agudeza visual va mejorando hasta poder apreciar detalles y colores hacia el año de vida. Puede decirse que su vista es casi comparable a la de un adulto, aunque con limitación en la percepción de detalles pequeños en la distancia.


En cambio, la visión es un proceso aprendido, debido a que la visión es el procesamiento de la información que entra a través de los ojos para poder darle un sentido y significado a lo que nos rodea de manera que podamos reaccionar e interactuar con nuestro entorno. Por esta razón la visión está ligada directamente con el aprendizaje y depende de una buena calidad visual para poder desarrollarse adecuadamente.


Conforme el niño crece, la visión le permite tener sentido espacial respecto al lugar que él ocupa dentro del entorno que lo rodea, le permite desarrollar su equilibro así como, el identificar qué son las cosas que le rodean y darle un significado a las mismas, lo que se convierte en aprendizaje.


Por todo esto es que cuando evalúo a un niño, no sólo me enfoco en qué tan bien mira, sino cómo coordina e integra cada una de sus funciones visuales para que la información pueda llegar sin inconvenientes al cerebro y cuando a pesar de que sus funciones visuales están bien, pero presenta limitaciones en el aprendizaje, procedo a evaluar el procesamiento visual para determinar si ha existido un problema en el neurodesarrollo que esté ocasionando esa disminución en el rendimiento académico para poder brindarle un tratamiento personalizado acorde a sus necesidades.


En conclusión una evaluación visual integral no sólo se basa en la capacidad del niño de ver las letras de lejos y de cerca, sino cómo conduce esa información al cerebro para que sea procesada por éste y se obtenga una buena respuesta que se traduce en el aprendizaje para un buen desarrollo infantil.



 
 
 

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